Wednesday, August 03, 2005

Yo y mis discos

Ayer ordené mis discos y noté que la colección se ha vuelto demasiado grande para el mueble que los cobija ya que cada cierto tiempo se producen derrumbes o una que otra caja cae violentamente al piso más de una vez al día. Acepto que no tiene todos los discos que me gustaría tener, pero que yo sepa, hasta el momento no existe ninguna colección definitiva.

Otro punto del que me hago cargo es que hay más discos copiados de los que en realidad me gustaría tener. Admito que una de las cosas que más disfruto es abrir una cajita de discos, sentir su olor a nuevo y mirar el arte, es un placer impagable.

Pese a todos esos contra, miro mi colección y me río (de orgullo). Ahí están todos ellos, con canciones que podría escuchar un millón de veces...las mejores bandas del universo. Ahí está mi vida. Lo que fuí y lo que seré.Cómo puedo explicar que en ese disco de Damon & Naomi está cuando entendí de que era posible tener amores platónicos y sobrevivir a ellos. Mientras que en ese de Yo La Tengo se plasma el hecho de que mirar el techo al son de los grillos no va a evitar que me sienta abandonada. O que en ese de Galaxie 500 están mis amigas y esas que dejaron de serlo.

Ahí están mis afectos. Está lo peor y lo mejor de mí. Está todo lo que siempre soñe, los temas que nunca me dedicaron y las declaraciones que nunca hice. Están sin duda mis mejores momentos. Está lo que más quiero de mí...mis facetas más oscuras...todo.

Nunca me he sentido mejor que escuchando un buen disco. Es algo que se agradece. Es una fascinación cercana a un estado hipnótico. Supongo que es como enamorarse o algo parecido.

Es extraño, pero la historia de mis afectos están en mis discos, pero al mismo tiempo, mis discos se convierten en nuevos afectos. Pensándolo de esa manera, he estado enamorada más tiempo de lo que creía. Eso si que es raro. Porque yo intuía que algunos temas de The Mendoza Line, Devendra Banhart o Mercury Rev, por ejemplo, me hacían sentir primaveral, como quinceañera, pero de ahí a imaginar que tengo discos de los cuales me he enamorado es otra cosa.

A modo de recuento. Mi enamoramiento ha sido diferente para todos: rabioso, tormentoso, imposible, depresivo.

En definitiva, esto se convirtió en una declaración de amor a mis discos. La única que hago frente al mundo sin sentirme culpable o avergonzada. Por muy precario que parezca un CD, ahí están todos aquellos amores perdurables, esos a los que siempre vuelvo y por lo que admiración sigue intacta.

En fin, yo amo mis discos...¿y usted?

a.